viernes, 6 de mayo de 2016

Juegos Prohibidos - Emma Green


Porque amar a un imbécil de por sí ya es un desafío, pero amar a su hermanastro... es casi ilegal. 

A los 15 años conocí a mi peor enemigo. Sólo que Tristan era también el hijo de la nueva esposa de mi padre. Y eso lo convertía en mi hermanastro. Entre nosotros, la guerra estaba declarada. Y no aguantamos ni dos meses bajo el mismo techo. 
A los 18 años, el rey de los idiotas regresa del internado a donde fue enviado para el bachillerato. Tiene su diploma en el bolsillo, los ojos más penetrantes que puedan existir y una sonrisa insoportable que tengo ganas de borrar de su angelical cara. O de besar sólo para hacerlo callar. 
Entre Liv y Tristan, ganará quien logre resistir por más tiempo. Sin rendirse. Sin cometer un asesinato. O peor aún, sin enamorarse perdidamente el uno del otro... 


– ¡Basta! Liv, ya no vamos a hablar de lo nuestro. Nunca más. Debemos parar ahora. Retomemos nuestras vidas como eran antes, separadas, y todo estará bien. 
– OK, respondo fríamente. 
***
A los 15 años conocí a mi peor enemigo. Sólo que Tristan era también el hijo de la nueva esposa de mi padre. Y eso lo convertía en mi hermanastro. Entre nosotros, la guerra estaba declarada. Y no aguantamos ni dos meses bajo el mismo techo. 
A los 18 años, el rey de los idiotas regresa del internado a donde fue enviado para el bachillerato. Tiene su diploma en el bolsillo, los ojos más penetrantes que puedan existir y una sonrisa insoportable que tengo ganas de borrar de su angelical cara. O de besar sólo para hacerlo callar. 
Entre Liv y Tristan, ganará quien logre resistir por más tiempo. Sin rendirse. Sin cometer un asesinato. O peor aún, sin enamorarse perdidamente el uno del otro... 


– ¿Me deseas, Tristan? pregunto con dificultad. Dímelo. ¿Sí o no? 
– No tengo derecho de desearte, susurra observando mi boca, ahora tan cerca de la suya. 
*** 

A los 15 años conocí a mi peor enemigo. Sólo que Tristan era también el hijo de la nueva esposa de mi padre. Y eso lo convertía en mi hermanastro. Entre nosotros, la guerra estaba declarada. Y no aguantamos ni dos meses bajo el mismo techo.
A los 18 años, el rey de los idiotas regresa del internado a donde fue enviado para el bachillerato. Tiene su diploma en el bolsillo, los ojos más penetrantes que puedan existir y una sonrisa insoportable que tengo ganas de borrar de su angelical cara. O de besar sólo para hacerlo callar. 
Entre Liv y Tristan, ganará quien logre resistir por más tiempo. Sin rendirse. Sin cometer un asesinato. O peor aún, sin enamorarse perdidamente el uno del otro...


– ¿Te arrepientes, Sawyer? 
– Ni por un segundo. Asumo todo lo que hice, dije o sentí. Pero eso no quiere decir que estoy lista para hacerlo otra vez... 
– ¿Nunca? 
Su mirada se obscurece, juraría que se estremeció. 
– Nunca digas « nunca ». 

***
A los 15 años conocí a mi peor enemigo. Sólo que Tristan era también el hijo de la nueva esposa de mi padre. Y eso lo convertía en mi hermanastro. Entre nosotros, la guerra estaba declarada. Y no aguantamos ni dos meses bajo el mismo techo.
A los 18 años, el rey de los idiotas regresa del internado a donde fue enviado para el bachillerato. Tiene su diploma en el bolsillo, los ojos más penetrantes que puedan existir y una sonrisa insoportable que tengo ganas de borrar de su angelical cara. O de besar sólo para hacerlo callar. 
Entre Liv y Tristan, ganará quien logre resistir por más tiempo. Sin rendirse. Sin cometer un asesinato. O peor aún, sin enamorarse perdidamente el uno del otro...

– Mierda, Liv, quédate conmigo. Tenemos que enfrentar este infierno juntos. 

A los 15 años conocí a mi peor enemigo. Sólo que Tristan era también el hijo de la nueva esposa de mi padre. Y eso lo convertía en mi hermanastro. Entre nosotros, la guerra estaba declarada. Y no aguantamos ni dos meses bajo el mismo techo. 
A los 18 años, el rey de los idiotas regresa del internado a donde fue enviado para el bachillerato. Tiene su diploma en el bolsillo, los ojos más penetrantes que puedan existir y una sonrisa insoportable que tengo ganas de borrar de su angelical cara. O de besar sólo para hacerlo callar. 
Entre Liv y Tristan, ganará quien logre resistir por más tiempo. Sin rendirse. Sin cometer un asesinato. O peor aún, sin enamorarse perdidamente el uno del otro...



Todos los músculos de Tristan están tensos, sus puños apretados, sus mandíbulas contraídas, y unos faros giratorios reflejan una luz azul en sus ojos, que nunca me han parecido tan oscuros. 
A los 15 años conocí a mi peor enemigo. Sólo que Tristan era también el hijo de la nueva esposa de mi padre. Y eso lo convertía en mi hermanastro. Entre nosotros, la guerra estaba declarada. Y no aguantamos ni dos meses bajo el mismo techo. 
A los 18 años, el rey de los idiotas regresa del internado a donde fue enviado para el bachillerato. Tiene su diploma en el bolsillo, los ojos más penetrantes que puedan existir y una sonrisa insoportable que tengo ganas de borrar de su angelical cara. O de besar sólo para hacerlo callar. 
Entre Liv y Tristan, ganará quien logre resistir por más tiempo. Sin rendirse. Sin cometer un asesinato. O peor aún, sin enamorarse perdidamente el uno del otro...

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