viernes, 10 de marzo de 2017

El Rompe-Olas - Laura Lago


Era verano. Yo, Marta, estaba de vacaciones en Ibiza. Por quince días podía olvidarme de mi empleo mal pagado y darme un pequeño gusto. 15 días de paz, arena y olas. Y él.

Había hecho el check-in en el hotel, me había tomado mi primer margarita y había decidido salir a tomar el sol. Lo siguiente que me encuentro es un hombre con un trasero de piedra, unos abdominales de acero y una sonrisa deslumbrante con una tabla de surf bajo el brazo. Arturo.

Arturo encajaba perfectamente en el modelo de ejecutivo agresivo, solo porque no estaba en la oficina con su traje y corbata, sino en la playa. Lo único que quedaba de agresivo y ejecutivo en él era su porte de hombre confiado y su falta de vergüenza. En este caso, todo eso le sirvió para acercarse a mí y, en menos de dos minutos, invitarme a cenar.

Por algún motivo, acepté. Bueno, por algún motivo, no, porque estaba más bueno que el pan, parecía tener una vida de lo más atractiva y desde luego el hombre sabía como retener la atención de una mujer. A la mañana siguiente ya no estaba en mi hotel de 3 estrellas, sino en un ático con vistas al océano.

¿Próxima parada? Dar un paseo en barco con él. Lo que no esperaba fue que también me terminase sobrando la ropa en alta mar y, que, al final de ese día, me enterase de que, vacaciones aparte, ambos volveríamos a la misma ciudad, Madrid. Aún quedaban 14 días, pero, ¿tendría que acabar ahí?

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